¿Qué es la espeleología?-Los últimos exploradores

Cuando nos adentramos en la cueva somos como viajeros del tiempo, vestidos con nuestros monos polvorientos nos transportamos a otra dimensión. La luz desaparece junto con nuestras preocupaciones cotidianas durante los días que dura la exploración, y sólo nuestros frontales iluminan el camino hacia lo desconocido. El aire se torna húmedo y frío, pero eso es lo que buscamos, lo que tanto tiempo llevamos esperando.

James Cook dijo una vez…” La ambición me lleva no sólo a donde ningún hombre ha ido antes, sino a donde creo que es imposible que un hombre vaya”. Nuestra ambición es descubrir y maravillarnos con cada rincón inexplorado. Dicen que sufrimos mucho, pero en mi opinión lo que hacemos es esforzarnos cada día más por sacar a la luz los secretos de la Tierra.

Aunque mucha gente piensa que se trata únicamente de una práctica deportiva, la espeleología en realidad es una ciencia que estudia el origen y la formación de las cavidades subterráneas naturales.

Procede de las palabras griegas “spelaion” (caverna) y “logos” (tratado), por lo que viene a significar algo así como tratado del estudio de las cavernas. La palabra espeleología hace referencia, por tanto, a una disciplina científica más que a una deportiva.

No obstante, la práctica de este “deporte” requiere de destreza, conocimiento del medio natural y, por supuesto, preparación física. Adentrarte en una cueva, por ejemplo, requiere de la combinación de otras disciplinas como senderismo, descenso de barrancos, alpinismo y escalada. El espeleobuceo, por su parte, requiere de habilidad dentro del agua, dominio del buceo y la natación en aguas abiertas.

Con esto no quiero catalogar la espeleología como un deporte extremo, pero sí decir que es necesario tomar algunas precauciones y ser conscientes de nuestras propias habilidades para adaptar el medio a nuestro nivel, y nunca al revés.

Si alguien siente la llamada del “lado oscuro” y tiene la curiosidad de explorar el maravilloso mundo subterráneo, es más que recomendable ponerse en contacto con algún club o federación e iniciarse siguiendo el programa de formación correspondiente en cada caso. Nunca debemos adentrarnos en una cavidad sin tener los conocimientos adecuados.

Los espeleólogos quizá sean los últimos exploradores del planeta. No existe ningún otro colectivo que se dedique exclusivamente a buscar y rastrear los recovecos vírgenes de la Tierra. Ni los científicos solitarios de la Antártida, ni las expediciones grupales a la selva. Nadie atesora el número de descubrimientos y la constancia semanal de este colectivo. Sin embargo, sus logros apenas repercuten en los medios, carecen de patrocinadores y pasan desapercibidos entre los lectores no especializados. Pocos saben, por ejemplo, que los Pirineos esconden algunas de las simas más profundas del mundo y que, cuando el hielo se derrite, aventureros de todos los rincones del globo acuden allí para estudiarlas.

Los primeros humanos que se adentraron en el oscuro mundo del subsuelo no eran espeleólogos, porque no buscaban conocer el medio en el que entraban, sino sencillamente, refugio, abrigo y protección. Entrar en una cueva, por tanto, no nos convierte en espeleólogos. 

En 1894 Edouard-Alfred Martel publicó la obra Les abismes (Los abismos). En ese momento es cuando se produce el gran giro que dará lugar a la espeleología tal y como la conocemos hoy en día. Fue Martel quien acuñó el término y describió las primeras técnicas de progresión con las que pudo llegar a explorar 250 cavidades, alguna de ellas de más de 250 metros de profundidad. Colgado de una cuerda de cáñamo y sentado sobre un tablón, con un sombrero de fieltro y una vela en la mano, fue el primero que consideró la exploración directa como un medio para conocer las cavidades y estudiarlas con rigor científico. Por eso será reconocido por todos como el padre de la espeleología moderna.

Los materiales utilizados en las exploraciones fueron mejorando sustancialmente y en los años setenta se pasó de las escalas a las técnicas de solo cuerda. Este hecho marcó la gran revolución de la espeleología. El problema de las escalas era de tipo práctico: de un lado, lo voluminoso del material a transportar exigía un gran número de porteadores, por lo que tales expediciones podían ser realizadas por algunos pocos potentados que se podían permitir ese lujo; de otro, determinadas maniobras dentro de las verticales en las cavidades eran imposibles de realizar por lo angosto de los pasos. Utilizar la técnica de la sola cuerda posibilitó que un pequeño grupo de espeleólogos pudieran acometer exploraciones inimaginables hasta ese momento.